Pedalibre

Asociación cicloturista y de ciclismo urbano

Ciclismo urbano

«La bicicleta no tiene usuarios. Tiene militantes.»

Antonio Burgos

 

¿Cuántas veces hemos escuchado eso de «Madrid no está hecha para las bicis»? Eso mismo podrían haber dicho de Amsterdam u otras ciudades hace unas décadas y ¡Mirad ahora!

Madrid, como muchas otras capitales del mundo con alta concentración de población, es una ciudad obligada a poner especial atención a la ocupación de espacio, el impacto medioambiental y la promoción de la salud.

El compromiso con una ciudad habitable implica dar respuesta a los nuevos retos ambientales y de salud pública. La bicicleta sin ser la solución definitiva, sí puede contribuir de manera muy significativa a garantizar derechos fundamentales (y por tanto constitucionales).

Y para ello es necesario afrontar cambios. Del mismo modo que desde los años sesenta se empezó a forzar la ciudad a acoger la masiva presencia de automóviles (la ciudad no estaba hecha para los coches) deteriorando así el espacio público y la calidad de nuestro aire, es el momento de repensar nuestra forma de movernos y apostar decididamente por aquellos medios que nos ofrezcan la máxima funcionalidad y rentabilidad social con el mínimo impacto ambiental y de salud.

Junto a los desplazamientos a pie o el uso del transporte colectivo nos encontramos con la bicicleta como un medio destinado a ser promovido masivamente.

Entendemos que esto no es fácil, pero tenemos el convencimiento de que sí podemos hacerlo porque otras ciudades lo han conseguido. Ya no tenemos que mirar necesariamente fuera de nuestras fronteras. Empezamos a tener ejemplos en nuestro país de ciudades que ya han emprendido el camino: Vitoria, San Sebastián, Barcelona, Valencia, Sevilla… ¿y Madrid?

Madrid continúa siendo una ciudad hostil a la bicicleta. A pesar del visible incremento que ha habido gracias a la implantación del servicio de BiciMAD y a ciertas actuaciones basadas en el rebaje teórico de la velocidad a 30 km/h en diversos carriles de la ciudad –ciclocarriles–, su presencia es muy baja y no ha contribuido a que el grueso de la población considere la bicicleta como un medio de transporte posible.

Madrid tiene que recuperar lo que nunca debió perder ni deteriorarse y que caracteriza lo positivo de vivir en una ciudad: una trama urbana a escala humana; lo que implica habitabilidad, convivencia, vecindad, cohesión, accesibilidad, eficiencia, equidad…

La bicicleta debe caer por sí misma. Tenemos que dejar atrás que quien use la bici debe ser deportista, militante o activista de algo. Decidir usar la bici debe convertirse en algo obvio, algo que no debe pensarse mucho. Es y debe ser un vehículo de máxima accesibilidad para todo el mundo: niños y niñas, adolescentes, jóvenes, adultos, personas mayores, con algún grado de dificultad…, ya se dediquen a los cuidados familiares o estén en el paro, estudien, trabajen fuera de casa, o tengan reuniones. Para todos usarla deber ser lo más fácil, lo más seguro, lo más cómodo, lo más barato, lo más fiable y lo más eficaz: para ir al colegio, al instituto o a la universidad, para ir al cine o de compras, para salir de marcha, para ir al trabajo, al médico o a un consejo de administración, para hacer gestiones en tu ayuntamiento o en el juzgado, a la estación de tren o al aeropuerto, al polideportivo a al parque con la familia, a dar una vuelta, de paseo, para llevar trastos de un sitio a otro…. es decir, lo que llamamos normalizar su uso.

Y para ello, Madrid tiene que ponerse las pilas y hacer de sus calles, avenidas, plazas, aparcamientos, comunidades de vecinos, edificios públicos, etc., lugares aún más accesibles a la bici. Madrid debe abrirse a la bicicleta, acometer tantas reformas e infraestructuras sean necesarias y conseguir el necesario desarrollo de la movilidad ciclista, a la vez que adoptar medidas firmes y valientes para reducir el uso del coche drásticamente. Tenemos referencias de cómo hacerlo. Ciudades de nuestro entorno europeo que llegan a un 20, 30, 40 y hasta un 50 % de los desplazamientos en bicicleta (Madrid está en torno al 1 %) nos indican la manera de hacerlo conservando, eso sí, el patrimonio valiosísimo que tenemos en Madrid que es el porcentaje de desplazamientos peatonales, el cual debe ser protegido para que el incremento en el uso de la bicicleta no lo sustituya o reduzca, sino que lo complemente.

No perdamos el tiempo y recuperemos el tiempo perdido. Seguro que entre todas y todos podemos conseguirlo.

Pedalibre y la promoción del ciclismo urbano

Procedente del movimiento ecologista de Madrid, en 1982 nace Pedalibre.

Muy lejos quedan esos primeros encuentros y rutas «de alforjas» pioneras en nuestro país, que facilitaron el contacto con otros grupos cicloturistas y ciclistas urbanos del estado, germen de lo que terminó siendo la Coordinadora Estatal de Defensa de la Bicicleta, ConBici.

Pero no por ello hemos dejado de tener la misma ilusión que al principio.  La bicicleta ha terminado por formar parte de la agenda política de todos los partidos y en mayor o menor grado hemos contribuido a que se tenga en cuenta. Acciones como las 24 horas en bici; la constante programación de rutas urbanas y cicloturistas; nuestra revista Ciclopedia; los permanentes contactos con Renfe, EMT, Consorcio Regional de Transportes… para incrementar el nivel de intermodalidad; nuestra participación activa, constructiva, responsable y comprometida en forma de alegaciones, intervenciones, aportaciones o valoraciones a todo proyecto o norma que tenga entre sus fines la movilidad ciclista; la instalación de mesas informativas y participación en ferias; la celebración mensual de asambleas abiertas al público interesado; la difusión a través de las redes sociales y el blog, etc. etc.; contribuyen a que nuestra asociación siga siendo referente del ciclismo urbano y cicloturista.