Pedalibre

Asociación cicloturista y de ciclismo urbano


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Integración no es asimilación

La integración de la bicicleta en una ciudad conlleva cambios importantes en nuestras calles. Si no, estaríamos asumiendo los perniciosos patrones de conducción actuales.

Pareja de ciclistas

Desde su origen, allá por el 1982, Pedalibre lleva comprobando, y disfrutando, las posibilidades que ofrece montar en bicicleta de una forma tranquila y relajada.  Gracias al ritmo del pedaleo sosegado de las rutas cicloturistas que organizamos (turismo de alforjas), descubrimos otra forma de entender la realidad, donde el camino cobra la misma importancia e incluso más, que el destino.

En ocasiones incurrimos en un error cuando hablamos de integración y solemos confundirlo con asimilación. En el primer caso, el todo se crea con diferentes aportaciones y existe un reconocimiento de la diferencia; en el segundo, una aportación  externa pierde las características a favor a la primera. En términos sociales hablaríamos de multiculturalismo frente a uniformidad social/cultural. Este esquema podría trasladarse al actual modelo de movilidad que tenemos en nuestra ciudad.

Cuando hablamos de integrar la bicicleta en nuestra ciudad, a veces creemos que con expresar ese deseo, acompañado de algún tipo de campaña, medida publicitaria o formación específica, es suficiente. Nada más lejos. Por mucho que nos pese, nuestra ciudad lleva más de medio siglo tomando al coche como medida para su desarrollo. Incluso los cascos antiguos han sido forzados a acoger este vehículo aun a costa de su patrimonio cultural y el bienestar y la seguridad de sus habitantes.

Ver nuestra anterior entrada sobre la equidad: la equidad junto a la discriminación positiva, factores para que la bici prospere en nuestra ciudad.

Introducir la bicicleta sin variar este patrón es un gran error, ya que sumiríamos características que no solo son ajenas a un uso de la bicicleta relajado, es decir, para todos los grupos de edad y condición, sino que estaríamos perdiendo la oportunidad de mejorar aspectos que se han demostrado claramente perniciosas para la calidad de vida de los ciudadanos: estrés, inseguridad/violencia vial, velocidad, atascos, autovías urbanas, etc.

El uso de la bicicleta en una ciudad tiene que ser diferente a esquivar coches en un atasco o sentirse  legitimado a circular por el mismo carril por el que van camiones, motos o coches. Aparte de estar en clara desventaja por ser un vehículo de tracción humana, no sería justo que recayera la responsabilidad de adaptación casi en exclusiva en los ciclistas, ya que si algo merece la bicicleta con respecto a otros vehículos son prioridades y ventajas por todas las externalidades positivas (beneficios sociales). Del mismo modo que el transporte público o los desplazamientos a pie.

La bicicleta como vehículo preferente

Aunque ha de estar sujeta a una normativa de circulación, ésta debe estar claramente adaptada a sus características y a lo que esperamos de ella (potencialidades de la bicicleta). No solo el desarrollo urbanístico de nuestra ciudad ha girado en torno al coche, sino también las normas que regulan todo el tráfico, hasta el punto de convertir a las personas en su ejercicio natural de caminar, en peatones. Por ello, en una ciudad, la circulación en bicicleta no tiene por qué ser coincidente con otros vehículos, tampoco los carriles de circulación, ni los itinerarios, ni los semáforos ni sus tiempos, ni los aparcamientos, ni los giros, las señales, los sentidos de las calles, ni las restricciones, ni la carga impositiva, etc.

LA BICICLETA ES UN VEHÍCULO, PERO NO ES UN COCHE y debe poder tener y desarrollar sus particulares característicos y su propia trama viaria, a costa de la que actualmente ocupa casi en exclusiva el automóvil.

Desplazarse en bicicleta debe llegar a ser tan natural como hacerlo andando y debe reunir condiciones adecuadas para que todo el mundo pueda y se sienta atraído y seguro en hacerlo. Ambas formas constituyen el complemento perfecto para satisfacer la mayoría de las distancias que habitualmente  hemos de cubrir. Por eso, dada la mayor eficiencia de la bicicleta en cuanto a ocupación de espacio para la circulación y aparcamiento, es de justicia que ese espacio ganado se transforme en espacio peatonal y de convivencia ciudadana. De este modo iremos avanzando en el desarrollo ciclista como modo complementario a la movilidad a pie.

Pese a cierta resistencia que origina cualquier cambio o pérdida de privilegios, que por otro lado ha tenido todas las ciudades que han iniciado este proceso, una apuesta decidida en este sentido no hará más que beneficiar a la mayoría de la población y dar respuesta responsable a los actuales retos medioambientales y de salud y seguridad pública.
Tal y como decía el manifiesto que firmó Pedalibre hace unos meses, aprovechemos la oportunidad para que Madrid sea una ciudad fácil para las bicicletas … y con ello, una ciudad más habitable, adaptada, segura y a medida de todas las personas.


Artículo redactado por nuestro compañero Miguel de Andrés, responsable del grupo de ciclismo urbano de la Asociación Pedalibre. Invitamos a nuestros lectores a expresar sus opiniones al respecto en los comentarios de esta entrada.

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