Pedalibre

Asociación cicloturista y de ciclismo urbano


Bogdan Lepiavko, un ciclista ucraniano en Madrid

(Pepa y Mar 13-feb-2017)

El pasado día 9 de febrero nos visitó Bogdan Lepiavko, Presidente de la Asociación Ciclista de Kiev, un joven con ganas de conocer fuera de su país los movimientos y actividades en relación con la promoción de la bicicleta no sólo como un medio de transporte cotidiano, sino como una forma de desarrollo y de comunicación en un entorno más amplio.

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Inmerso en un Programa internacional “Connect for Impact”, quiso compartir con Pedalibre la información acerca del uso y desarrollo de la bicicleta en Kiev e informarse de los problemas y avances por los que trabajamos en Madrid en el ámbito ciclista urbano.

Fue una actividad dirigida por miembros de Pedalibre, en la que tanto él como nosotros nos sentimos bastante unidos, ya que hablábamos de las mismas inquietudes en un clima distendido y amable.

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Realizamos una reunión en el café “La ciudad invisible” y luego de la mano de nuestro compañero Juanma y de la Cicloguinda, hicimos la ruta del 2º Aniversario, que celebraron en el taller social Guindostán. Allí la tortilla, paella y cerveza artesana hicieron el resto y acompañó la relación de nuestro invitado con más personas que compartían un nexo de unión: la bicicleta.

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Al día siguiente él nos escribió un correo electrónico dándonos las gracias por el encuentro

Hola, amigas!

Me gustaría decir “gracias” por la noche bonita.

Yo escuché sobre diferentes cosas interesantes y, creo, encontraré más en los papeles que me habéis presentado.

Pero también quiero dar gracias por la experiencia personal que era totalmente maravillosa.

Gracias para prestarme la bici, para la paella, para el viaje interesante por la ciudad nocturna con música buena. Estaba completamente feliz durante esos momentos. Sois las personas muy amables y hospitalarios, es una privilegía conoseros para mi.

En adjunto hay mis presentaciones. Si tienes unas preguntas or decidirán ir a Ucrania un día – escribidme y yo o mis amigos vamos a ayudaros.

Tal vez yo visite Madrid otra vez, voy a escribiros también. Hasta luego! A vezes, las cosas en vida ocurren más pronto, que las expectamos 🙂

Gracias a ti Bogdan por la experiencia que para nosotros supuso también y gracias a los socios de Pedalibre que esa tarde/noche acompañaron.

Os dejamos unas presentaciones muy interesantes que nos preparó Bogdan sobre el cicloturismo en Ucrania y sobre la Asociación de Ciclistas de Kiev.

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Asamblea y charla sobre la bicicleta en China

China-David-Web

MARTES 9 DE FEBRERO, 19:30 HORAS
BICICLETA CAFÉ, PLAZA DE SAN ILDEFONSO 9

Durante la próxima asamblea de Pedalibre tendrá lugar una interesantísima charla-coloquio sobre la bicicleta en China por parte de David Barrionuevo, un madrileño afincado en Shangai (China), en la que nos dará a conocer el día a día de un ciclista en la urbe, quiénes le apoyan (asociaciones ciclistas) y las ventajas e inconvenientes de circular en bici en las ciudades chinas, donde la bicicleta aún se utiliza como medio de transporte y comparte calzada con los demás vehículos.

David nos descubrirá también los encantos de Asia a lomos de su bici, provista de sus alforjas y lo imprescindible para compartir con sus gentes los paisajes, cultura y costumbres. Así es el cicloturismo de alforjas por las montañas y lugares recónditos, misteriosos y desafiantes de esta emocionante e inmensa tierra.

 


Los embriones turísticos se tuestan al sol

Los embriones urbanísticos se tuestan al sol, sus huesos cementados (estructuras esqueleto), su sistema nervioso (farolas, tuberías abandonadas) son recorridos por Susana y por mí con estas bicis de alquiler (a 10 euros el día) con las que pretendemos abordar, poco a poco, bajo el cada vez más intenso sol majorero, la línea de magníficos volcanes extintos que se eleva frente a nosotros en la lejanía. ¿Y cómo pueden, estas protuberancias inmensas, que despidieron magma y gases, ceniza y humo, hace millones de años, formar parte de este espectáculo de carreteras, hoteles y urbanizaciones a medio construir que las circundan y acorralan, que las aíslan y afean? Es inconcebible, para mí, que semejante proceso geológico, tan hermoso, destructor y fascinante como es el de las erupciones volcánicas, pueda ser absorbido e incorporado a nuestra civilización estresada de vehículos que van y vienen a sus pies con semejante falta de respeto. De algún modo, frente a estas moles bronceadas por un sol antiguo, lamidas por los siglos, se me despierta la adoración que por ellas pudieran sentir –y que aún siguen profesando, seguro- muchos pueblos indígenas del pasado, del presente y, por ende, el dolor al verlas así maltratadas.
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Seguimos pedaleando por entre los montículos de tierra y gravilla, rodeados por las cintas de plástico que delimitan los perímetros de esta urbanización que no pudo ser, que quedó en fase embrionaria, feto abandonado ante la caída y muerte del ladrillazo. Sus calzadas a medio calzar han allanado parte del terreno que circunda el monte Bayuyo, al cual queremos acceder a través de una GR (Gran Ruta) a la que se le ha amputado una parte, aquélla que, ahora mismo, más necesitamos: la que conecta la localidad de Corralejo con la cadena de volcanes de orientación suroeste-nordeste, oblicuados en el mapa de Fuerteventura, una de las siete islas que configuran el archipiélago canario -en el que me encuentro por primera vez-, las Fortunae Insulae que Plinio el Viejo nombró allá por el año 40 antes de Cristo.

Aburridos, decidimos abortar la búsqueda más próxima e invertir el sentido de acceso al singular ecosistema semidesértico, volvemos a la carretera –que apenas tiene arcén, a pesar de ser nueva- e ir hasta Lajares, localidad desde la que se ve claramente en el mapa cómo sale la pista a Caldero Hundido.
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El sol sigue barnizando de fuego la piel expuesta y pronto nuestras ruedas comienzan a resbalar con la arenisca ocre del camino por fin encontrado. El típico paisaje marciano se extiende ante nosotros –malpaís lo llaman aquí-: piedras volcánicas de diferentes tamaños y formas que aparecen dispersas sobre un suelo rojizo. En muchos lugares, un tono verdoso, producido por la asombrosa alianza hongo-alga que da lugar al liquen, cubre parcialmente el espectáculo pétreo. Crema solar e ingesta de agua se repiten con frecuencia, son una constante en las paradas que hacemos para tomar alguna foto. Susana, que se aloja en el Surf Camp y que se va a marchar en unas horas a Lanzarote, me pregunta si no me molesta que ponga música mientras pedaleamos. De esa forma, el grupo Myth nos acompaña a lo largo de la mañana, a través de una canción que Yeray –el monitor de surf- nos dio a conocer ayer.

Llegados a un collado entre dos volcanes, dejamos las bicis e iniciamos un corto pero acusado y resbaladizo ascenso a la cima de una de las montañas, con el objeto de ver de cerca su caldera, el cráter que se hundió una vez el volcán dejó de vomitar lava, hace tan solo 50.000 años. Una vez arriba, vemos llegar una cuadrilla de buggys que polvorean el camino y aparcan junto a nuestras bicis. Sus ocupantes, lentamente, descienden de ellos y también emprenden la subida a donde nos encontramos. El cielo es inmensa y abusivamente azul. Otras líneas de cadenas volcánicas se recortan en la lejanía y, a ambos lados, más allá, divisamos las dos costas del norte de la isla: tanto la del oeste –las playas de Cotillo y la Escalera, donde he surfeado estos días- y la del este, -donde se extienden las del Moro y el Burro, donde probablemente vayamos mañana, en mi última clase- pues Yeray ha consultado la página windguru e indica que el swell (oleaje) y viento procederán de África y, por lo tanto, nos tocará probar fortuna en alguna de esas playas de orientación este. Los buggyboys and buggygirls suben despacio, resbalándose, como nosotros, hacia la cima. La visión de los vehículos aparcados contrasta radicalmente con la de las vallas de piedra, cabras y viviendas integradas en el paisaje que duermen a los pies del volcán. Es imposible, reflexiono, en un acto de profundo e inusitado pesimismo, que la raza humana evolucione hacia medios de transporte no contaminantes –la bicicleta, en la actualidad- si ello le supone esfuerzo, mientras tenga opciones de seguir utilizando vehículos a motor. La pereza, la comodidad, el gusto por la velocidad y, a veces, incluso, por el mismo sonido agresivo de los motores se hallan firmemente aposentados en nuestras posaderas. Impensable, conociéndonos, que el acceso a este paraje se realice exclusivamente a pie, en bicicleta, burro o caballo. Seguiremos siendo derrochadores de combustibles fósiles o, en el futuro, usuarios de vehículos eléctricos, los cuales, aun cuando consigan ser no contaminantes –en ninguna de sus fases (tanto producción como uso)- sigan perpetuando la filosofía del mínimo esfuerzo y las prisas por ver cuantas más (cosas) en cuanto menos (tiempo); proporción inversa que nos condena, irremisiblemente, a no disfrutar con profundidad y calma de los espacios que visitamos, que los transforman en bienes de consumo rápido y fácil, desposeyéndolos de la magia, de la esencia que los caracteriza. ¿Cómo sentir el tiempo erosionado, ardiente, de este lugar por el que corretean, de tarde en tarde, ardillas o se ocultan, bajo las sombras de las piedras, los reptiles propios de tan magnífico y peculiar ecosistema si no es desplazándose a la velocidad justa –lenta- para apreciarlo?
Los buggybuggypeople ya nos han alcanzado, justo después de que haya cogido en una botella pequeña de plástico, vacía, tierra y piedrecillas de este lugar para regalársela a mis amigos Javier y Ángela. A él porque, con este ritual, es como si estuviese aquí conmigo, coronando esta montaña del mismo modo al que coronamos las cimas de nuestra querida Sierra del Guadarrama con tanta frecuencia.  Y a ella porque, desde hace tiempo, tal y como me pidió en su día, le llevo tierras del mundo para su colección particular. Ninguno tiene la oportunidad de viajar del modo en que yo lo hago y, con este gesto, me solidarizo con ellos. Italianos, alemanes, ingleses están ya aquí arriba, con nosotros. Tras los saludos me informan de que la caldera más hermosa y definida, de 70 metros de profundidad, es la que tenemos enfrente –vaya, nos confundimos- y su acceso se realiza a través de una senda sólo practicable a pie.
Son las 12:15 y Susana quiere devolver la bici a las 13:00 horas para recuperar el dinero de la fianza y coger el ferry de las 14:00. Se me presenta un dilema: separarnos y, de esa forma, poder disfrutar de la caldera dejándola irse sola, o acompañarla, y perderme el deseado paraje. Me pregunto qué me importa más ahora: satisfacer la necesidad-curiosidad del visionado volcánico o la de ayudar al prójimo (en varias ocasiones, a lo largo de la mañana, ella hubiese tomado caminos equivocados, pues no era capaz de seguir las señales de la GR -dado que no tiene mucha experiencia ciclista- y quedan así como 12 km de un camino, que ninguno conocemos, a Corralejo). Como estoy algo bloqueado, me imagino cómo me sentiría si estuviese contemplando el deseado volcán solo, sin tener claro que ella estuviese yendo por el buen camino. La decisión está tomada y el acto de renuncia me hace reflexionar sobre el modo y el porqué de la presencia de esta chica en la ruta cicloturista que había pensado realizar sin compañía de nadie. Cuando le conté a Yeray mi propósito de recorrer esta parte de la isla en bici, al acabar las clases de surf, me dijo que puede que él se apuntase a hacerlo –no me preguntó si no me importaba su adhesión- pero como nos llevamos bien y, de algún modo, compensaba su atención surfera con mi experiencia cicloturista, no reivindiqué mi derecho a la soledad. Al cabo de unos días, al llegar Susana, él le habló del plan ciclista y la invitó a sumarse (al cual ella aceptó encantada), sin hacerme, de nuevo, la consulta de cortesía. De este modo, donde iba a haber uno, a su aire, ahora ya sumaban tres. Sopesé qué sentía al respecto y seguí aceptando la articulación de un futuro tan distinto al imaginado previamente. La mañana de la partida, para mi sorpresa, Yeray había dejado una nota en la cocina diciendo que, como se había acostado tarde, se descolgaba del plan, así que ahí me veía con Susana, a la que ni siquiera había invitado personalmente –y apenas conocía- presta al pedaleo y diciendo que había varios ferrys a horas distintas, con lo cual no tenía prisa. La realidad fue otra y, al final, sí que las tuvo, lo que había propiciado que me encontrase allí, acuclillado, cogiendo arena, sintiendo el polvo y las aristas de las piedrecillas entre mis dedos, mientras reflexionaba qué hacer ante el dilema. Me puse en pie, cerré el tapón rojo y me dije que, últimamente, si me he caracterizado por algo en mi tiempo libre, ha sido por buscar la soledad y descolgarme de montones de los planes propuestos por mis amigos. Quizás fuese tiempo de salirme un poco de mí mismo, de darme a los otros. Susana me dijo que no le importaba irse sola, que visitara el volcán si quería. Pero ya había tomado una decisión.

Llegados a la tienda de alquiler de bicis de Corralejo, devolvió la suya, nos despedimos y me quedé charlando con el alemán que allí se encontraba atendiendo al público, pues quería consultarle cómo acceder a la ruta que bordeaba la costa norte – “North Shore” denominada por los surfers, en clara complicidad con la homónima hawaiana-. Escandalizado porque hubiese utilizado esta híbrida –más bien tirando a urbana- en los volcanes, me desaconsejaba castigarla en la ruta costera, añadiendo, con educación, que cualquier desperfecto que la bici sufriese, al someterla al traqueteo de la pista pedregosa, correría por mi cuenta. Acepté el desafío, dado que las bicis de montaña que me ofrecía para tal empresa no tenían transportín, y la mía sí e, incluso, alforjas, y me marché en su busca…
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13:30… Piedras… polvo… pista rastrillada transversalmente por el viento… Pedaleo en los laterales, las zonas más planas, o sobre las rodadas de los vehículos, evitando en lo posible el incómodo traqueteo minimontañeril que daña mi culo, muñecas, espalda y… bici. Apolo lanza sus flechas de fuego con una verticalidad sádica, su carro luminiscente se encuentra justo en el cenit. 14:00… 14:30… dunas, volcanes extintos a la izquierda, espuma, oleaje, azul intenso a la derecha. En varias ocasiones me detengo, pata de cabra, cuerpo desnudo, pinchazos en las plantas de los pies y, luego, el lamido del frescor oceánico. Con cuidado –los arrecifes parecen enjabonados-, incluso a gatas, me adentro en el agua hasta que por fin mi cabeza se sumerge. Floto. La marea me acuna. Mi cuerpo vaivaneado por este reloj lunar que baja y sube a capricho de Selene. También mi sangre y mis emociones a merced del satélite terrestre. Llevado por el oleaje, boca arriba, de espaldas al Océano Atlántico, extiendo mis manos para anclarme al arrecife y evitar que la marea me dañe contra él. Mis piernas, pene y ombligo asaeteados por el sol a través de las ondulantes aguas. De repente, en el dedo meñique de la mano izquierda siento, ñam, un suave pellizquito cangrejero de algún morador que ha visto invadida su casa por un apéndice carnoso gigante (menos mal que fue en el dedo…) Mensaje recibido. Salgo del agua con sumo cuidado. En las pequeñas oquedades que las rocas presentan, bañadas a impulsos por las olas, montones de pececillos de apariencia atigrada me observan con sus bolitas negras. Algunos, incluso, cuando me agacho a observarlos más de cerca, saltan con una fuerza increíble de su mini piscina natural para escapar de la potencial amenaza humana.

15:00… 15:30… Los casi 40 grados siguen ondulando mis hombros cremados. Parapetado bajo el sombrero veo pasar los 4×4 de las escuelas de surf pero, sobre todo, los vehículos particulares que portan las tablas y velas para hacer windsurf y kitesurf, los deportes estrella del paisaje Descarga 16-7-2013 236marino que se extiende a lo largo de mi ruta ciclohornoturista en la que tengo como objetivo el faro de Tostón, el cual, allá en la lejanía, diminutoDescarga 16-7-2013 242, va marcando visualmente la distancia que recorro haciéndose cada vez más grande. Una vez allí, golpeado por un viento multidireccional, que me tira las gafas de sol, la bolsa donde guardo los frutos secos y que hace tambalear la bici sobre la pata de cabra, – un viento tan antiguo como la playa, considerada fósil por los elementos allí conservados-, me siento, como unos pocos anacardos y me marcho.

Dos litros y medio de agua, una manzana y algunos anacardos han sido mi sustento nutricional a lo largo de esta segunda etapa, la cual concluye con una pedalada fantasmagórica, a la máxima velocidad que el viento en contra me permite alcanzar, para llegar antes de las 19:00 a la tienda de bicis, donde el alemán –ahora más sonriente pues imagino que ha debido de hablar con el jefe y éste le habrá dicho que, efectivamente, yo le había anticipado mi propósito cicloturista para con la bici- me devuelve los 20 euros de fianza.

Con una inconfundible pesadez cabezona -propia de la insolación a la que me he expuesto durante el día- regreso al surf camp tras degustar un buen vaso de batido de chocolate fresquito y, tras ducharme y descansar, me dispongo a tomarle a Yeray la invitación -varias veces ofrecida por él, a lo largo de los días que llevo aquí- para salir a tomar algo y conocer la vida nocturna de Corralejo. Acepto para constatar, una vez más, cómo los mismos patrones de comportamiento que en mi juventud observé –sufrí- siguen produciéndose entre los noctívagos jóvenes –y no tan jóvenes- que se echan a la noche, desde mi punto de vista, con el casi exclusivo propósito de ver y ser visto. Para ver tienes que estar atento, alerta, a cuanto acontece a tu alrededor. Tus ojos se mueven de un lado a otro y permanecen poco tiempo fijados en los de la persona con la que, a duras penas, dado el volumen de la música, intentas mantener una conversación. Elevaciones de cejas, sonrisas tontas, saludos con la mano y frecuentes interrupciones son los hitos que jalonan esta ardua empresa –la de comunicarnos verbalmente- que en otras situaciones y lugares se produciría con naturalidad. Para ser visto (y olido), por otra parte, se requieren otras estrategias: ropas modernas, provocativas, bronceados exageradamente cobrizos, perfumes dulces e incluso una amplia gama de elementos de expresión corporal –la mayor parte de ellos utilizados de modo inconsciente- son desplegados por la mayoría de los allí masificados. Los ojos de todos, de todas, canicas de pin ball, izquierda, derecha, izquierda, derecha, buscan, buscan, absorben, absorben mientras que la música suena, suena, suena y todos beben, beben, beben mucho, mucho, mucho alcohol. A la mañana siguiente, con el cuerpo roto, castigado por ir contra natura -muestra evidente de que la especie humana ha de descansar por la noche- las conversaciones con los demás girarán en torno a la hora a la que te has acostado (parámetro social que parece determinar el grado de diversión disfrutada), las chicas que viste y, por lo general, aquéllas con las que te quedaste con ganas de conquistar. Rara vez, muy rara, el goce auténtico no provocado por sustancias etílicas o alucinógenas. Rara vez, muy rara, el encuentro enriquecedor, profundo, auténtico, con alguna de esas chicas que tanto anhelas o con las personas con las que hablaste. Mucha energía, tiempo, salud y dinero gastados, a mi juicio, para tan poca satisfacción, alegría y plenitud obtenidas.
A la una, más o menos, para desconcierto de algunos de los allí presentes, tranquilamente, me volví a casita para descansar y preparar el cuerpecillo para mi última clase de surf del día siguiente.

(Extracto del texto “Fuertesurfeando”, Walter Post Villacorta, julio 2013)


El martes tenemos una invitada de lujo: Isabel Suppe

El martes, tras la asamblea de Pedalibre, asistiremos a la presentación de un audiovisual de Isabel Suppe en el que nos narrará sus aventuras cicloturistas. Anímate a acudir a este interesante evento que tendrá lugar en la Bicicleta Café a las 20:30 horas.
Más información en:
http://www.bedatsy.com/isabel-suppes-new-book-travels-with-rocinante-in-quest-of-lightness
Isabel Suppe


El color de la piel

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Había pasado demasiado tiempo encerrada en esa habitación, esa casa y esa ciudad. Se me habían dormido los sentidos sentada delante de la pantalla del ordenador día tras día. Empecé a darme cuenta un viernes o un sábado al despertarme y ver el brazo estirado delante de mis ojos. Vi que no tenía la marca del sol en sus pliegues, que la piel estaba blanca, tan blanca que no la reconocía y empecé a pensar si no habría estado dormida durante varios meses.

Todavía tirada en la cama vinieron a mí algunos recuerdos de episodios cicloturistas. El sol pegándome fuerte reflejado en las eternas aguas de Ruidera; aquel rizado viento soplando con fuerza en el Atlas marroquí, agrietando mi cara y nublando mis ojos, pero llenándome tanto de vida que creía estar en el centro del Universo; el agua milagrosa de una tormenta necesaria en el sur de Extremadura, con personas de toda condición dando saltos de alegría a mi alrededor; esas curvas de ensueño en el cañón de Añisclo, donde sentirse pequeño era lo natural ante la enormidad de la naturaleza. En cada ruta pasaban tantas cosas que no había memoria para tanto suceso.

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Cuando, con la ayuda del interventor, vi la bicicleta acomodada en el furgón del tren regional, empecé a sentir que ya había empezado mi ruta, que ese poder del tren moviéndose sobre las vías era como la fuerza del pedaleo. Acomodada en mi asiento cerraba los ojos y me podía ver subiendo y bajando las piernas con fuerza sobre unos imaginarios pedales ferroviarios. Todo el tren se movía con la fuerza de mis piernas, los paisajes corrían a los lados y la gente en los caminos me saludaba agitando las manos. Hasta que tocaba parar en una estación y, entonces, estiraba los brazos sobre el asiento delantero… quiero decir, sobre los frenos, y entonces el tren paraba, la gente descendía, unos se abrazaban y reían, otros se despedían y lloraban, pero todo el mundo estaba agradecido a ese tren que les llevaba.

Ya en ruta sobre mi bicicleta, buscando mi camino y esta primavera disfrazada de verano, las cosas se ven de otra manera: van mucho más despacio, ahora siento de verdad que no tengo prisa alguna, que todo ocurre a un ritmo insólito y que la vida se alarga como este camino serpenteante que me lleva a algún sitio perdido de estas montañas.

Llevo el sol a cuestas, pero el sol no lo sabe, él se deja caer sobre los bosques y las mesetas y qué idea tiene el sol que allí estoy yo llevándomelo a trozos, haciéndome sudar.

Había rogado que cayeran sólo chirimiris que me hicieran parar a preparar toda la parafernalia de plásticos, chubasqueros, bolsas y demás protecciones, que cuando las acabas de preparar ya no te sirven para nada porque, para entonces, lo ha dejado, se ha cansado de esperar a la tranquila cicloturista que se está inventando tormentas y charcos enormes. Pero el norte es otra cosa. Aquí las nubes te traen y te llevan sin preguntarte. De todos modos, pensar ahora en las lluvias es fantasear con el destino, porque este sol me muerde los hombros y me dibuja formas en la piel, que delatarán mi vestuario durante varias semanas.

Una vez más siento que el tiempo no existe, que los caminos te sugieren lugares que todavía no se han inventado y me dejo llevar por estas laderas, estos ríos y estos árboles.

Me tumbo en esta pradera de un verde inexplicable a recibir este sol que tanto me llena de vida.

Acurrucada por el sonido del arroyo me quedo dormida, dando descanso a mis fatigadas piernas, tan poco acostumbradas últimamente a las pedaladas, aunque éstas hayan sido discretas y tranquilas.

Sueño con viajes inalcanzables, como el de ir a China en bicicleta, siguiendo la ruta de Marco Polo, si es que dicha ruta es posible de seguir. O cruzar de norte a sur el continente americano, haciendo amigos por el camino y ganándome la vida haciendo chapuzas, enseñando idiomas o contando en las plazas de los pueblos de América Latina las historias que me hayan acontecido .

Me despierto molesta por un fuerte picor en la espalda. Me he quemado la piel al quedarme dormida al sol. El dolor es horrible y me avergüenzo de no haberlo previsto, pese a mi experiencia cicloturista.

Me tapo y continúo la ruta, en busca de algún pueblo con asistencia médica o farmacéutica donde me puedan curar. 

Se empieza a nublar rápidamente. Todo parece indicar que va a caer una tormenta. Empiezo a desesperar. Ya no voy disfrutando del paisaje, sólo busco ese lugar donde refugiarme de la lluvia y ser atendida de las quemaduras.

Empieza a llover con fuerza, pronto se va a hacer de noche y, para acabar de arreglarlo todo, acabo de pinchar.

Estoy en medio de la nada, con el agua de lluvia cayéndome por todos lados, sin apenas comida, con la espalda quemada, con una rueda pinchada y empezando a anochecer. Dejo la bici a un lado, me siento sobre un tronco caído y me echo a llorar. Las lágrimas se las llevan los goterones de agua que caen de las hojas de los árboles, vencidos por la lluvia y el viento.

De pronto siento unas manos que me cogen del brazo muy lentamente, levanto la cabeza y veo una aldeana que me sonríe y me abraza. Siento como desaparecen los dolores, la lluvia y hasta la melancolía. Me coge de la mano y me pide que le siga, llevándome a una pequeña casa con un maravilloso fuego donde me ofrece comida, agua caliente para lavarme y un ungüento para la espalda.

 

Dije una vez en una tertulia de viajes que el dios de los cicloturistas te lo quita todo para luego poder dártelo todo y no puedo sino pensar que es totalmente cierto.

Aquí, durmiendo en este camastro, todavía frescos los ecos de mi conversación con Rosa, la aldeana, con el sonido del fuego de leña que va poco a poco muriendo, con esta sensación de que la vida es un maravilloso viaje por las sensaciones y los recuerdos, no puedo dejar de pensar que mi servidor de correo de internet va a reventar de mensajes recibidos y que no pienso volver para mirarlos. Que los únicos mensajes que voy a leer son los de los mapas que me acompañan, los de los pájaros, los de las montañas, los de las nubes y los de las arrugas en la piel de las gentes que encuentre en el camino.

 


Bicitren 2

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Bicitren-2, es una publicación dedicada a rutas de bici montaña por la Comunidad de Madrid utilizando el tren como medio de transporte para acceder a ellas. Son todas rutas de un día, con diferentes niveles de dificultad y con la posibilidad de bajarse el track de la ruta.

La información general se puede ver aquí.

http://www.madrid.org/cs/Satellite?c=CM_Actualidad_FA&cid=1354249777411&language=es&pagename=ComunidadMadrid%2FEstructura

Una ficha más en detalle e incluso un par de capítulos en pdf del libro lo podréis ver aquí:

http://www.madrid.org/edupubli/m_nove.htm

y los tracks completos , para Garmin, compe gps google earth y publicados por el autor Lorenzo Velayos Tomás, lo podrás descargar en su página web.

http://www.tombike.es/HTML/Bicitren-2.htm

Hay que valorar lo positivo que tiene esta publicación, que lo tiene y mucho, pero no podemos dejar de decir que pese a los consejos tan “deportivos” que se nos hace en el propio libro, desde luego cada uno podrá afrontar dichas rutas con un carácter más o menos deportivo o de paseo o de cicloturista, pues todas esas opciones caben en dichas rutas, no sólo la meramente deportiva.

Tampoco queremos dejar de apuntar que hemos visto algunos fallos en la publicación, como el consejo de circular en fila india en carretera, que no sólo no es una obligación con la actual normativa estatal en la mano, sino que se ha demostrado sobradamente como algo perjudicial para la seguridad del ciclista, al permitir a los vehículos motorizados adelantar a los ciclistas sin necesidad de desplazarse al carril contiguo, dejando una distancia de seguridad con el ciclista tanto exigua como ilegal. Lo ideal es circular en paralelo, pues evita la situación comentada y nos hace más visibles. La mayor parte de los atropellos a ciclistas por alcance lo son de ciclistas circulando en fila india o que circulaban solos.

Lo importante, en cualquier caso, es lo que nos une y ese es el espíritu de usar el ferrocarril para desplazarnos a estas rutas y de disfrutar del entorno sin necesidad de causar daños invasivos ni malos humos.


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Cicloturismo y defensa del servicio público ferroviario de regionales en el corredor Madrid-Segovia

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Hay ciertas líneas de tren que aparentemente se presentan como deficitarias, entre otras cosas porque han sido abandonadas a su suerte durante décadas. Y este es la actual situación de la línea Cercedilla-Segovia, permanentemente amenazada de cierre.

El 25 de Septiembre de 1993, se procedió a la clausura del tramo Segovia-Medina del Campo, que precisamente ahora, se va a reconconvertir en la “Via Verde del Valle del Eresma”, actualmente en fase de obras, esperando su apertura para Agosto de 2013.

Interesadamente, desde la apertura de la línea de Alta Velocidad Madrid-Segovia-Valladolid, solo se prioriza ésta opción, en detrimento del tren convencional de toda la vida, el cuál (desde 12-05-2013) ha sufrido un recorte en el número de circulaciones diarias, pasando de 7 a 3 entre semana, e “inventando” un nuevo transbordo en Cercedilla, para poder llegar a Segovia, aspecto que antes no ocurría y que introduce un plus de incomodidad para el pasajero, así como un incremento de 7 minutos más en el tiempo de viaje, para así ir tirando -literalmente hablando- viajeros del tren, y luego justificar su cierre definitivo.

Nos oponernos activamente a las pretensiones del Ministerio de Fomento de reducir de manera significativa los servicios ferroviarios regionales y de media distancia.

Creemos que no podemos seguir aceptando pasivamente la reducción de servicios ferroviarios aduciendo para ello criterios de rentabilidad económica y de baja afluencia de viajeros, más aún cuando esta situación ha sido consecuencia directa del abandono y la desinversión al que el ferrocarril convencional ha estado sometido durante mucho tiempo.

El mantenimiento del ferrocarril obedece, al mismo tiempo, a la necesidad de ahorro y eficiencia energética, a la lucha contra las emisiones de gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático, a la mayor seguridad que este ofrece y a la exigencia de promover un cambio en nuestro modelo productivo.

Pensamos que el atractivo que supone la próxima apertura de la “Via Verde del Valle del Eresma” (iniciativa en la que ha colaborado el Ayuntamiento de Segovia y la Fundación de los Ferrocarriles Españoles), puede contribuir al auge del cicloturismo en nuestra región, y así de paso aumentar la estadística positiva de ocupación de ésta línea, por lo que reivindicamos su mantenimiento y mejora, así como la promoción de la intermodalidad BICI+TREN, reservando más espacios en el tren para el transporte de bicicletas, ofreciendo alternativas, como bajar los precios (en Francia en la región del Languedoc-Rousillon en las líneas más deficitarias se ofertan los trenes a sólo 1 euro y con ello se ha incrementado su uso) y adecuando los horarios a las necesidades reales de la población.

Cicloexcursión: “Via Verde del Valle del Eresma”: Segovia-Coca
Madrid. 22 y 23 de Junio de 2013.


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Bici+tren: Sí, se puede

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Se vienen dando algunas voces de alarma en torno al tema del fomento del uso del tren en lo que respecta a la programación de rutas cicloexcursionistas realizadas por Pedalibre. Esto mismo está ocurriendo en otras asociaciones cicloexcursionistas.

Resulta obvio que el actual status del bici+tren en nuestro país no favorece esta combinación intermodal, es más, dificulta esta planificación del viaje, máxime cuándo queremos lograr una participación de grupos grandes (15 personas o más), por lo límites existentes en la oferta a 3 plazas/bici en muchos trenes (Media Distancia, Intercitys). Es por esto que muchos socios convocantes de excursiones cicloturistas, optan directamente por recurrir al automóvil privado, para así resolver aparentemente el problema, descartando el uso del ferrocarril, como medio para llegar a los puntos de inicio y regreso de las rutas que se proponen.

En la actualidad, el ferrocarril atraviesa uno de sus momentos más dramáticos, amenazado por la fragmentación y privatización, la eliminación de muchos servicios de viajeros con alto contenido social y por el cierre de líneas en los territorios que más lo necesitan.

Desde Pedalibre pensamos que en muchas ocasiones,  con un poco de esfuerzo planificador, se pueden seguir proponiendo rutas que tengan en cuenta la posibilidad de incluir al tren en primera opción, aprovechando los horarios de viernes tarde y sábado por la mañana para la ida, en el caso de una excursión de fin de semana, para así realizar una salida escalonada e igualmente para el regreso; y complementando con el autobús si existiera; recurriendo al uso del vehículo privado motorizado como complemento, pero en último lugar. Y no al revés.

En Madrid, por ejemplo, siguen existiendo aún unos cuantos  corredores ferroviarios de Media Distancia que permiten el uso del Bici+Tren, aún con sus limitaciones:

-Madrid-Cercedilla-Segovia
-Madrid-Cuenca-Valencia
-Madrid-Guadajara-Sigüenza-Arcos de Jalón-Zaragoza-Barcelona
-Madrid-Talavera-Navalmoral-Plasencia-Cáceres-Badajoz
-Madrid-Avila-Salamanca
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¿De verdad que hay que seguir haciendo la mayor parte de las veces uso del vehículo privado motorizado por falta de oferta en el tren a la hora de planificar las cicloexcursiones?

Desde Pedalibre proponemos cambiar de estrategia y, al organizar excursiones cicloturistas, pensar primero en cuáles son las líneas de tren que admiten bicicletas (que aún son muchas, como podéis ver, y llevan a lugares de indudable interés cicloturista) y, a partir de ahí, organizar la ruta que nos permita ser lo más coherente posible con nuestra idea de transporte y de sostenibilidad.

Creemos que ahora, más que nunca, sería necesario seguir utilizando el ferrocarril que hemos construido entre todos, y que pertenece a la sociedad, fomentando su uso, tanto en nuestra Asociación como en otras afines o grupos individuales, y exigiendo que se adecue a nuestros intereses, si éstos no son satisfechos, como colectivo usuario de la combinación bicicleta+tren.

Más información sobre bici+tren

Campaña bicis al tren, completísimo blog de ConBici sobre la materia

Ruta Cicloturista Riaza-Tiermes-Riaza

2 comentarios

Esta Ruta no es solo un Viaje , en realidad son 34 Viajes , uno por cada participante , ya que cada uno de nosotros lo ha vivido y se ha emocionado de una manera distinta, las fotografias de cada uno de nosotros asi lo muestra,

(Joaquin Moreno)

“….y, la Naturaleza creo un sortilegio de belleza, magia y esplendor”
Estas pocas palabras entrecomilladas escritas más abajo hacen referencia exclusivamente al tramo “mágico” vespertino que recorrieron: Álvaro, Carlos, Reinhard y Yolanda.
Podría escribir sobre los primeros pedaleos emboscados, sobre los pueblos con tono sanguina, sobre los espacios infinitos, sobre el reflejo de la luz de la luna en las diferentes miradas, sobre la magia de la hoguera y la fuerza que transmitía, sobre ese calor arcaico, ancestral que nos llenó de energía. Pero si algo superó con creces todas esas pequeñas-grandes cosas fue el tramo que recorrimos por la tarde, cuando os fuisteis todos dejándonos un pequeño poso de tristeza y vacío. Estas son esas palabras:
“…y la Naturaleza creo un sortilegio de belleza, magia y esplendor que llevó a cuatro amantes de la luz a pedalear entre la lluvia y el viento; a ver colores, texturas etéreas, arco iris, rayos de sol enfocando sólo a una ermita emboscada, a divisar a lo lejos veladuras de agua sobre las montañas, a sentir impresiones de ensueño, a ver horizontes sublimes hasta llegar a una puesta de sol extraordinaria, a sentirse abrazados por la vida, por la felicidad de sentirse vivos entre paisajes efímeros, entre momentos fugaces… pero, ninguno de estos paisajes descritos hacen sombra a aquellos vislumbrados en el interior de una mirada”.

Es muy difícil que con todas las personas que hicieron posible esta ruta, salga algo vacío, insulso.
Un abrazo “noctiluco”.

(Carlos Gamo)