Cuando los deseos huyen
Los aldeanos, sombrero de paja, mejillas redondas, enrojecidas por un sol borracho de polvo, sudor y tierra, cogen agua del caño limpio y brillante del manantial, a las afueras del pueblo. A su lado, las furgonetas, con las puertas traseras abiertas, muestran los bidones de plástico vacíos que esperan pacientemente su turno para ser llenados. Me acerco a los hombres con los míos de la bici … Continúa leyendo Cuando los deseos huyen
